Más allá de la producción: la minería debe liderar en responsabilidad social empresarial
Una mirada profunda al rol social del sector más allá de los números de extracción
Durante décadas, la minería ha sido evaluada casi exclusivamente por sus volúmenes de producción, niveles de inversión y aporte fiscal. Ese enfoque ya no es suficiente.
Hoy, el verdadero estándar de una minería moderna y sostenible se mide por su capacidad de generar valor social real, duradero y verificable en los territorios donde opera. La responsabilidad social empresarial (RSE) no puede seguir siendo un apéndice comunicacional ni un conjunto de acciones aisladas para “cumplir requisitos”.
En el contexto actual, marcado por mayor vigilancia ciudadana, exigencias ambientales y demandas de desarrollo local, la minería está llamada a asumir un rol de liderazgo social activo, estratégico y profesional.
Las comunidades ya no aceptan promesas vagas ni proyectos asistencialistas de corto plazo. Exigen empleo digno, formación técnica, encadenamientos productivos, respeto cultural, transparencia y participación efectiva en la toma de decisiones. Cuando estos elementos no están presentes, el conflicto social no es una anomalía, es una consecuencia lógica.
Una minería que entiende su responsabilidad social invierte en educación local, fortalece capacidades técnicas, impulsa proveedores regionales y alinea sus operaciones con planes de desarrollo territorial. No se trata de “dar”, sino de construir junto a las comunidades una visión compartida de progreso. Eso requiere planificación, indicadores claros, equipos especializados y, sobre todo, convicción.
Además,
la RSE bien ejecutada no es un costo: es una inversión estratégica. Reduce
riesgos operativos, mejora la reputación corporativa, asegura continuidad de
proyectos y genera confianza a largo plazo. Las empresas que lo han comprendido
operan con mayor estabilidad y menor conflictividad, incluso en contextos
complejos.
El desafío es claro, la minería debe dejar de reaccionar y empezar a liderar. Liderar con datos, con profesionalismo, con ética y con una mirada de largo plazo. Porque en el siglo XXI, producir más ya no basta.
La
minería que no asume su rol social pierde legitimidad; la que lo hace bien, se
convierte en un verdadero motor de desarrollo sostenible para el país.